miércoles, 31 de enero de 2018

Reclutamiento

Esta es una breve historia sobre el reclutamiento de menores en Colombia.

Desde hace algunos meses empleamos el mismo servicio de bus para el transporte durante los talleres de capacitación. Así, dado que paso entre una y dos horas cada recorrido con el conductor, hemos forjado cierta confianza.

El domingo pasado, cuando aún no había subido ningún niño al bus, Medrano (el busetero) charlaba más de lo habitual con su asistente. Ese día le ayudaba en la tarea de echar reversa una mujer, lo cual posiblemente tenía que ver con su locuacidad.

En su conversación empezó a incluirme a mí, comentando trivialidades de la vida en Quibdó a las cuales yo asentí sin mucha gana. Esa ruta me da una pereza inmensa.
Pero algo en la charla me llamó la atención. Medrano le explicaba a la muchacha lo siguiente:

«Sí, yo jugaba ahí siempre. Pero un día llegaron y nos dijeron a ese poco de pelaos que ya iban a llegar las armas y nos daban un sueldo. Al principio pensé que estaba bien y quería la plata, pero luego dijeron que uno no se podía salir una vez dentro y entonces ya no quise. Me tocó bajarme de ahí. Los que se quedaron ahora uno los ve y no se pueden salir. Aunque quieran. Si se salen, les matan por salirse o les matan los otros».

Su compañera estuvo de acuerdo: «Aha, si se van, o les matan ellos o les matan los otros».

Y, sin más, continuaron comentando sobre cosas triviales de la vida y el camino.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Cuatro meses

Terminan mis primeros cuatro meses en Quibdó, cuatro meses que han parecido cuatro años. Y llevo días sintiendo la necesidad de plasmar las ideas que no he logrado escribir antes, por falta de tiempo o claridad mental, sobre esta etapa.

En un balance global de las cosas, debo comenzar por decir que ha sido bueno. No ha sido fácil, los aprendizajes y cambios nunca lo son, pero sí gana lo positivo por encima de lo malo.

Me he cuestionado mil y una veces el valor del trabajo "de cooperación" por "el desarrollo". Y creo, pienso, que después de todo tengo la respuesta. O al menos una respuesta que me sirve a mí. Todos los proyectos sociales son asistencialistas. No hay cooperación al desarrollo efectiva. Es paternalista pensar que podemos llegar, desde otros países o desde las ciudades capitales del propio país a las ruralidades a mejorar de alguna forma las vidas de las personas. ¿Por qué? ¿Con qué derecho? ¿Bajo qué modelo de "mejor"? Mucho menos con el tipo de proyectos cortoplacistas que existen actualmente.
Trabajo en un proyecto con un nivel de escucha comunitaria sorprendente, se tienen en cuenta las opiniones de los destinatarios para detalles grandes y pequeños. Y aun así, el impacto a escala macro no solo es dudoso sino imposible de medir.

Por ello, he sufrido a lo largo de este tiempo el rechazo y hasta abuso de miembros del equipo y la comunidad que desprecian las medidas de asistencia. Las personas de entre 25 y 35 años, que han tenido más oportunidad de formarse que sus mayores y a su vez recuerdan con lucidez los últimos 15 años de proyectos que ha vivido la región, miran con recelo a los forasteros que vienen unos días o unos meses. Siempre con promesas, a veces con incentivos (refrigerios, canastas familiares, uniformes, etc.). Pero rara vez con objetivos que reflejen resultados positivos sobre la comunidad.
Porque claro, si yo voy a diseñar un proyecto, mi indicador jamás va a ser "reducción de la violencia" o "aumento de la escolaridad" para cualquiera de mis actividades. Hacer eso implicaría una labor titánica de recopilación de datos tanto para la linea base como posteriormente. Además tendría montones de variables de confusión. Lo que haré será marcar como indicador algo fácil, como "100 % de los participantes asisten a la capacitación". Eso me permite rendirle cuentas a mi financiador de maravilla. Pero no hace una mierda para la comunidad. No asegura ningún resultado real y tangible en el contexto.

Pese a todo, he decidido que prefiero hacer esto a cualquier otra cosa. Y ese es también uno de los grandes regalos que me llevo de esta etapa. Cuando terminé la carrera, solo creía en resultados que superaran un intervalo de confianza estadísticamente significativo. Ahora ya no me acuerdo de hacer un test T.
A cambio he aprendido que hay aportes cualitativos que valen más que cualquier resultado medible en ningún informe. Como cada vez que llego a un barrio y esos niños y niñas me saludan con un: "Seño Albaaaaa", o ese pequeño de 6 años que ayer me hizo cosquillas sin importarle mi rango ni edad, como el chico que sigue trabajando reciclando chatarra frente a mi casa y me busca los sábados por la mañana para que le invite a desayunar algo o le ofrezca unas palabras amables, como el joven que hemos sacado de las pandillas haciéndole monitor de uno de los equipos y me escribe por WhatsApp cuando está tan triste que piensa en irse de casa o hasta en suicidarse y como la niña que siempre me busca para pedirme "un abrazo, por favor".

Al fin y al cabo, hemos diseñado un mundo en el cual nadie se libra de trabajar. Y yo agradezco haber encontrado por fin un empleo en el cual siento que puedo aplicar mis conocimientos de manera útil, aporto -si no a gran escala, sí a nivel individual a mejorar el bienestar de las personas-, disfruto a ratos y -esto es importante- me pagan por hacerlo. Con casi 30 años puedo decir que... ¡Se acabaron los voluntariados y prácticas!

Así que regreso a Bogotá con ganas de un merecido descanso. Pero también con toda la intención y deseo de continuar haciendo esto cada día más y mejor.

martes, 7 de noviembre de 2017

Vulva Libre

Entre el jueves y el domingo de esta semana participé en varias actividades relacionadas con el feminismo, la teoría de género y las nuevas masculinidades que me dejaron algunas reflexiones.

Algunas de las actividades estaban enmarcadas en un proyecto llamado Vulva Libre, ejecutado por tres asociaciones alrededor de varias temáticas.

Otras tenían que ver con el marco de mi propio proyecto, que a pesar de ser deportivo y enfocado a infancia, tiene integrada la transversalidad de género.

El jueves llegué después de una mañana de trabajo, por los pelos, a la actividad de apertura de las sesiones de Vulva Libre. Estaban aun estampando algunas camisetas con el lema del evento: "Con pelos en la vulva, sin pelos en la lengua" y una imagen de Angela Davis. Mientras, se retransmitían por radio las opiniones de les asistentes.

Ahí, escuchando ideas feministas por primera vez nunca en Quibdó, viendo la sala de Motete llena de mujeres y hombres dispuestes a hablar sobre la equidad, se me erizó la piel y no pude evitar que se me humedecieran los ojos de emoción.
No fue la última vez que tuve que contener las lágrimas en el fin de semana.

Recordando esos momentos el lunes, conversando con alguien queride, fui consciente que ese llanto era producto de una mezcla de sentimientos: la felicidad de sentirme por fin en un espacio amable a mi experiencia como mujer y, a la vez, el dolor acumulado por el exceso de abusos de los últimos meses. Pienso que nunca antes he experimentado el machismo como aquí. Exacerbado. Peor aun, ahora que tengo tan claro sus señales. Supongo que dolía menos cuando lo normalizaba.

Y duele también la ausencia de foros. De espacios donde compartir ideas.

Por eso, este fin de semana sentí un gran alivio al ver llegar con el proyecto alguien comprometido e informado. Una persona que me acompañó con interés a las actividades feministas de Vulva Libre. Y que venía a impartir un taller sobre género a todo el equipo. ¡Qué necesario!

Sin mucha sorpresa, pero sí con tristeza, observé cómo nadie del equipo sabía lo que significa la palabra 'género'. El coordinador deportivo la confundió con 'orientación sexual'. Tras varios ejercicios sobre estereotipos y roles de género, la mayoría de los muchachos aun repetían las mismas clasificaciones binarias después de dos días. Uno de los líderes, después de llegar varias horas tarde, se durmió y luego se fue antes de terminar el taller.

Así y todo, para mí fue importante. En estas lides, con el paso del tiempo empiezas a creer que eres tú la que está loca y los demás quienes tienen razón. Cuando el mundo entero camina hacia atrás y eres la única que da pasos hacia delante, comienzas a cuestionar si realmente vas en el sentido que debes. Después que varias personas hayan empleado métodos abusivos como la "luz de gas" y te repitan una y otra vez que haces mal las cosas, que te equivocas, o se comporten de forma grosera -sí, todavía- hacia ti es difícil mantener la fe en una misma. Ni hablar de la auto-estima o la motivación. Por eso, fue importante para mí. Reafirmó mis ideas. Me recordó que tengo derecho a sentir rabia, ira, dolor, frustración. Porque estoy siendo víctima de un abuso sistémico por parte de este entorno machista, intolerante, miope...

Además, el fin de semana me dejó en general una hermosa sensación. De un gran aprendizaje, sobre la experiencia de ser una mujer feminista y el afro-feminismo en general aquí. Lo relataré, en breve, en mi otro blog. Y de posibilidades. En Quibdó puede haber espacios para mí.

martes, 31 de octubre de 2017

La verdad

Desde el punto de vista filosófico y científico, la verdad no existe. 
Podemos teorizar hasta el aburrimiento sobre la moral y la ética de lo honesto, pero siempre nos daremos contra el muro de la incertidumbre ante la objetividad de lo "real".

¿Qué es verdad, si no puedo saber con certeza si mis experiencias son generadas por un mundo exterior y pasadas por el filtro de mis sentidos y experiencias o simplemente estímulos electromagnéticos que me alimentan? ¿Qué es verdad, si no comprendo cómo esas experiencias modifican la percepción de la realidad en cada quien? ¿Qué es verdad, si no entendemos que la percepción humana abarca una milésima del universo y niega todo lo demás? ¿Qué es verdad, si creemos ciega y únicamente en nuestros propios y limitados instrumentos?

Desde el punto de vista práctico, la verdad es un consenso fundamental para la convivencia.
Y la honestidad, un pilar ético fundamental para el entendimiento.
Importa poco si tu percepción de la situación fue distinta a la mía, o tus experiencias te han llevado a entender convenciones de manera diferente. Lo único importante es que lleguemos a un acuerdo comunicativo y explícito sobre lo que ambas entendemos de la situación.

Aquí, la gente miente.
Miente porque sí. Miente a lo tonto. Miente en cosas en las que es muy fácil pillarles.
Cuentan medias verdades. Cuentan versiones diferentes, omitiendo unos detalles para unas personas y otros detalles para otras, según les convenga. Mienten mucho. Aquí la gente te dice a la cara mil y una veces que: "Sí, seño". Pero luego es que no. Mienten para hacer daño. Mienten para sacar beneficio. Mienten por vergüenza. Mienten por costumbre. Mienten por pereza.

jueves, 26 de octubre de 2017

Afirmaciones positivas

Hace algún tiempo aprendí que la única manera de superar momentos difíciles es enfocarse en lo bueno, magnificar los aspectos positivos mentalmente. Para que, poco a poco, los retos dejen de tener tanto protagonismo en la mente.

La serendipia introdujo en mi vida la gratitud en el año 2014, mientras superaba uno de los momentos más complicados de mi vida, como herramienta para transformar la ansiedad en esperanza.

Desde entonces, he ido descubriendo a pasos de gigante los aspectos prácticos específicos del camino que académicamente se llama psicología positiva. Y, aunque coloquialmente puedan parecer consejos de algún librucho de auto-ayuda comprado en el aeropuerto, tienen un fundamento en las filosofías Tao, Hindu y Budistas además de varios soportes experimentales de valor.

Claramente han sido unas semanas muy complicadas, emocional y físicamente.
Pero me dispongo a relatar, con el objetivo de "voltear la arepa", lo positivo de ellas:

  • He mantenido una rutina de auto-cuidado. Practicando yoga casi a diario, meditación otros días. Ambas a veces.
  • He mantenido una dieta equilibrada y una rutina de sueño regulares casi todos los días.
  • He logrado uno de los objetivos del proyecto que se me resistía desde el comienzo, encontrar una persona para la coordinación psicosocial dispuesta a trabajar todos los días de la semana y a entrar en los barrios que trabajamos.
  • Estoy aprendiendo a tener más paciencia hacia los imprevistos, cambios de última hora y otros inconvenientes logísticos.
  • En el último año he realizado un inmenso aprendizaje emocional propio. Esto me ha acompañado durante las últimas semanas para entender mejor mis sentimientos y reacciones hacia el entorno.
  • Me siento libre de resentimiento o ira hacia la persona que ha estado agrediéndome. Tampoco me causa tristeza o dolor ya. Intento cultivar un sentimiento de compasión hacia él.
  • El proyecto ha logrado cambios positivos de convivencia en algunos espacios de implementación.
  • Los menores están, en general, satisfechos con los resultados de los refrigerios logrados gracias a mi gestión logística.
  • He tomado acción rápida e inmediata para modificar las debilidades identificadas.
  • Estoy teniendo en cuenta la participación de todos los miembros de mi equipo en la medida de las posibilidades de diseño del proyecto, e incluso más. Proponiendo ajustes a la estructura que se adapten más a las necesidades del contexto. Tengo en cuenta a las personas con las que trabajo.
  • Comprendo, entiendo, concedo las múltiples razones para no participar al 100% en los compromisos del proyecto del equipo.
  • Agradezco la compañía de las personas que he encontrado aquí como red de apoyo afectiva.
  • Agradezco contar con mis necesidades básicas cubiertas (casa, comida, agua, electricidad).
  • Agradezco poder darme caprichos ocasionales, como cenar fuera o ir al río.
  • Agradezco haber encontrado un espacio cultural con programación semanal y gratuita.
  • Agradezco los momentos de descanso.
  • Agradezco estar sana.
  • Agradezco esta experiencia, por hacerme más fuerte física y mentalmente.

Los niños, niñas, adolescentes y jóvenes siguen sonriendo. Por ellos y por ellas, sigo.

sábado, 21 de octubre de 2017

Payasa

En la vida hay que aguantar muchas cosas.

Desde pequeños se nos enseña que hay cosas que "son lentejas"; es decir, "si no las quieres las quieres las dejas". Siendo que generalmente hay poca opción de dejarlas, porque toca comer para llenar la barriga.

Ese refrán o frase hecha refiere una de las verdades insondables sobre el libre albedrío humano. Siempre hay otra opción: irse, dejarlo, cambiar, morir. Pero innumerables veces nos sentimos arrinconados entre la espada y la pared, como si no hubiera más salida que tomar el camino que se nos presenta. Porque, como en el caso del plato de lentejas (que a pesar del hambre no deseas comer por no gustarte), siempre queda la opción de seguir con el estómago vacío a pesar de las consecuencias. Más nunca veremos eso como opción real; ya que la naturaleza nos impulsa hacia uno de los caminos, el de alimentarnos, limitando nuestro libre albedrío.

Todo esto viene a las dificultades que nos toca aguantar. Que son muchas desde muy temprano. Abuso escolar, negligencia paterna, diversos tipos de inequidad, son algunos ejemplos comunes sin irnos a casos extremos.

La enseñanza a lo largo de la vida, por mucho que tu instinto se trate de revelar, es que "son lentejas".

Pero hay cosas que no se pueden ni deben tolerar.

Y realmente, por mucho que el aprendizaje y el instinto luchen para mantenerte quieta en ese lugar de sumisión y aguante, no tiene pies ni cabeza hacerlo.

Son las cosas que atentan contra tu integridad física, emocional o moral. Es decir, daño directo a tu cuerpo o tus límites corporales, la violación de barreras mentales que protejan tu auto-estima y auto-cuidado -como insultos u otras agresiones verbales desmesuradas- y la burla de valores o principios éticos bajo los cuales riges tu existencia.

Ceder en cualquiera de estos tres puntos implica, automáticamente, una erosión del ser hacia un estado de sumisión bajo dinámicas de poder que incapacitan la auto-determinación.

Y toda esta larga reflexión para contaros que llevo varias semanas aguantando que uno de los señores del equipo me grite sin cesar, me tire el teléfono cuando se le antoja, me llame desde grosera y engreída hasta payasa, hable a mis espaldas con frases del tipo: "de qué podridero de España habrá salido esta para estar en Quibdó", me acuse de estar quedándome con dinero del proyecto delante de talleristas invitados desde Medellín, e intente volver a todo el equipo en mi contra sobre cada decisión que tomo.

Ea, que llegan momentos que toca decidir. Si son lentejas y te partes un diente con la piedra que llevan de lo malas que son, o si las dejas.

viernes, 6 de octubre de 2017

Puedes llevar un caballo al agua...

En inglés hay un refrán que dice: Puedes llevar un caballo al agua, pero no puedes hacerle beber.

Está semana he pensado mucho en esa frase mientras me peleaba (mental y externamente) con las contradicciones de ver cómo hay gente que "necesita ayuda", pero no pone de su parte para recibirla.

Las acciones para el desarrollo parten de varias premisas muy cuestionables, veamos:


  • Que hay una forma de vida mejor que cualquier otra para el ser humano, y ésta es la que siguen las personas en el "mundo occidental". 
  • Que esa forma de vida es la única manera de garantizar los derechos fundamentales de las personas.
  • Que los derechos fundamentales (civiles/políticos y económicos/sociales) son incuestionables, y es obligación de todos defender y velar por su cumplimiento. Es decir, que Naciones Unidas y cualquier organización internacional con fines de "desarrollo" tienen potestad sobre estos derechos -en lugar de pertenecer a los individuos y la soberanía del país, como ocurre con la jurisdicción legal de la mayoría de otros asuntos- su protección.
  • Que todas las personas desean migrar su estilo de vida hacia esa forma de existir.


    Así, vemos como "derecho a la educación" se traduce en "derecho a una educación occidental, secular, en escuelas como las nuestras"; cuando perfectamente podría ser un derecho a la educación vernácula. O "derecho a la salud" se traduce en "derecho a una medicina alópata y occidental, en hospitales como los nuestros", cuando podría ser un derecho a la medicina ayurveda o cualquier otra similar [aunque aclaro que no estoy a favor de ninguna otra medicina que no sea alopatía salvo como tratamiento complementario, si acaso].

    Además, el "desarrollo" ha pasado por distintas fases en la historia intentando lavar su aspecto caritativo y asistencialista:
    1. Dar el pescado. Cuando comenzó todo esto, con Reagan y Thatcher después de la II Guerra Mundial, la idea era dar a los pobres que no tenían el maravillo mundo de ganadores post-industrial que se habían quedado los aliados. Apaciguar mediante limosnas a los que no habían probado ni las sobras del botín. Y un poco de azúcar sobre la terrible medicina de los Planes de Ajuste Estructural que se propusieron a escala global.
    2. Enseñar a pescar.
    3. Enseñar a pesar sin agotar la reserva de pescado del río. Sostenibilidad.
    4. Que el pescador tenga un salario digno, unas horas justas, seguro de riesgos laborales y no pesque animales en riesgo de extinción pero siga alimentando a su familia y cubriendo la demanda del mercado.
    Bueno, pues aun no hemos llegado al punto 2. en muchos de los proyectos de desarrollo. Todavía se entregan bolsas de comida, subsidios a mujeres por quedarse embarazadas, vivienda social... Sin pedir nada a cambio del receptor. Y claro, mal. Ni un curso de gestión de gastos del hogar, de cocina saludable, de lectura de etiquetas de nutrientes o de planeación familiar, nada.

    El severo asistencialismo que esto genera es, literalmente, mujeres teniendo más hijos para recibir más dinero porque nunca han calculado que no les sale a cuenta -no pueden, tampoco, tienen suerte si acabaron séptimo. Que ese subsidio es una ayuda y no cubre ni la mitad de los gastos reales del bebé.

    Quibdó es una región echada a perder por esto. Todo Naciones Unidas con sus 50 departamentos opera aquí, en una ciudad de 100.000 habitantes. Hay una fundación en cada cuadra.

    Regresando a mi situación, la realidad es que se vuelve muy complicado trabajar. 

    Este proyecto es particularmente poco asistencialista. Ofrece algunos beneficios materiales, pero el principal objetivo es una capacitación. Por eso me gustó. Una capacitación y el trabajo psicosocial con los menores. Es algo imprescindible, todos necesitan aprender a formalizar sus procesos. Todos se pueden beneficiar del intercambio grupal, del conocimiento colectivo. Antes lo hacían gratis. Y todos se involucraron de forma, por supuesto, voluntaria.

    Sin embargo, nadie ve un mensaje, ni tiene acceso a wi-fi o datos, si no es para cobrar el subsidio o para enterarse de temas de material, uniformes, implementación... Ahí de pronto a todos les funciona perfectamente WhatsApp. El interés por la colaboración grupal o hacia el beneficio más allá de uno mismo es prácticamente nulo, una incapacidad de mirar más allá del propio interés que abruma.

    Pero, ¿por qué se va a obligar al caballo a beber?
    Quizá veo un caballo agitado, caluroso, sediento. Y sí, puede que desde el exterior yo aprecie que sus necesidades estarían mejor satisfechas si bebiera agua. Más, si por un condicionamiento de varias generaciones de darle el agua a cucharadas o por una vulnerabilidad cultural o educativa, el caballo no bebe... ¿Por qué voy a obligar al caballo a beber? Tal vez no sea bueno que el caballo tome agua hasta que lo haga de plena voluntad. Y si seguimos forzando al caballo a beber (a cucharadas, con biberón/tetero, o colocando jugosos subsidios bajo el agua para que meta la cabeza hasta el fondo y de casualidad le entre un poco de líquido en la boca) puede que no estemos haciendo nada de nada a favor del caballo, su independencia y autonomía.